The Rolling Stones - Portada - Musicology

Los conflictivos años ’80 en el universo Stone

“Solo una multitud puede hacerte sentir tan solo” cantaba un afligido Mick Jagger en “Before They Make me Run”(1978), lo que a simple vista parecía solo una melodía, se convertiría en una gran premonición. Los brillos lentamente ganaban protagonismo y las hombreras se apoderaban de las calles. Los ´80 empezaban a asomar y los raros peinados nuevos marcaban un cambio de paradigma. Las discotecas eran los nuevos centros de agitación, ahora la acción estaba en las pistas de baile y los jóvenes comenzaban a darle la espalda al grupo que se había auto proclamado “la banda de rock and roll más grande del mundo”: The Rolling Stones, aquellos chicos políticamente incorrectos que, dos décadas atrás, habían conquistado a miles adolescentes que danzaban al ritmo de sus canciones, ahora debían enfrenta un gran desafío: entrar en los ochenta por la puerta grande, sobreponerse a las modas y seguir siendo la banda de sonido de una generación que, claramente, ya no era la de ellos.

Las discrepancias musicales de la época encontrarían al grupo británico al borde de una crisis de identidad y con un gran desconcierto a nivel creativo. Los creadores de éxitos como “Satisfaction” y “Sympathy for the devil”  sentían como por primera vez que aquel Olimpo musical que los había catapultado a la fama, convirtiéndolos en dioses del rock, ahora les cerraba sus puertas. En aquel momento, New York era la meca de las nuevas tendencias. Con un oído siempre atento a los cambios, Jagger decidió trasladarse a la Gran Manzana y se convirtió en habitué del mítico Studio 54.Allí, tomó contacto directo con las nuevas corrientes musicales. Mick consideró que los Stones debían reinventarse. Así, surgieron canciones como “Miss you”, Emotional Rescue” y Dance Pt.1”

Imagen de The Rolling Stones en vivo
Tiempos de disputa – Mick, Ron y Keith debieron superar numerosas crisis para seguir dándole vida a The Rolling Stones.

Más allá del tono efusivo y bailable, esta imperiosa necesidad de adaptarse a la época derivó en discos que, a los ojos sus seguidores y de la crítica especializada, sonaban sumamente forzados y fueron considerados como un intento desesperado para evitar a toda costa un descenso artístico que ya era difícil de ocultar. El espíritu inquieto y trasgresor de los Stones se estaba esfumando, y como si esto fuera poco, al interior de la banda los roces y conflictos entre Keith y Mick se agudizaban. Parecía que la caída libre de los Stones no se podía frenar de ninguna forma.

El fantasma de la disolución se instalaba en cada melodía, acechaba cada show, esperando el momento de fagocitar a la banda por completo. Paradójicamente, sus majestades satánicas debían luchar contra sus propios demonios. “Es un golpe al cuerpo, viene directamente del corazón”, rezaban el estribillo de “One Hit (to the body) uno de los cortes de difusión de “Dirty Work” (1986). Al interior de la banda la herida no dejaba de sangrar. Nacimiento, florecimiento y decadencia parecían marcar un destino en el que la suerte ya estaba echada.

Sin embargo, para un grupo que desde su nombre impulsaba el hecho de rodar, el cambio y el movimiento no eran un peligro. Si hay algo que Richards y Jagger dominaban a la perfección era el arte de reinventarse constantemente y esta vez no sería la excepción. Muerte, resurrección y metamorfosis, eran parte de una misma lógica. Renaciendo como un ave fénix entre las cenizas, en 1989 los Stones vislumbraban que el cambio de década terminaría con la tormentosa etapa que había vivido. La banda se inclinó por volver a sus raíces y sacó a la luz “Steel wheels”, un disco que en el que parecían gritar “Acá estamos y seguimos rockeando”.

Fotografía de The Rolling Stones en vivo
Siguen rodando. Los Stones llevan más de cinco décadas sobre los escenarios.

Una bocanada de aire fresco se apodero del corazón de una banda que, más allá de las críticas, nunca dejó de latir. Los ojos del rock and roll volvieron a posarse sobre Jagger, Richards, Wood y Watts. Sin saberlo, The Rolling Stones habían encendido nuevamente una llama creativa que aún hoy, con cinco décadas a cuestas, no logro apagarse. Sí, quizás sea solo rock and roll, pero nos sigue gustando.

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